Memoria del Apartheid. 6ª proyección (14 de mayo)

‘Atrapa el fuego’ (Catch a Fire) de Phillip Noyce, 2006
Ciclo de cine Memoria del Apartheid (Zaragoza, Huesca y Teruel)
Fecha 14/05/2014
Lugar
Teruel: CMU Pablo Serrano (Ciudad Escolar s/n)


Hora
Entrada Libre
Organiza Vicerrectorado de Cultura y Política Social de la Universidad de Zaragoza – Área de Cultura
Colabora Vicerrectorados de los campus de Huesca y Teruel
ATRAPA EL FUEGO (Catch a Fire)
País: Estados Unidos-Francia-Reino Unido-Sudáfrica Año: 2006 Duración: 101 min. Color

Dirección: Phillip Noyce.
Guión: Shawn Slovo.
Fotografía: Ron Fortunato y Garry Phillips.
Música: Philip Miller.
Diseño de producción: Johnny Breedt.
Decorados: Melinda Launspach.
Vestuario: Reza Levy.
Montaje: Jill Bilcock.
Intérpretes: Tim Robbins, Derek Luke, Bonnie Henna, Mncedesi Shabangu, Tumisho K. Masha, Sithembiso Khumalo, Terry Pheto, Michele Burgers, Mpho Lovinga, Mxo, Jessica Anstey, Charlotte Savage.

Sinopsis: Antes de que Patrick Chamusso se convierta en uno de los militantes más respetados del Congreso Nacional Africano, trabaja como capataz en una refinería de carbón y vive de espaldas al mundo de la política. Pero, de repente, se le acusa de hacer volar las instalaciones de la refinería, es arrestado y sometido durante días a un interrogatorio implacable. Su mujer también sufre un trato brutal con el fin de arrancarle una confesión. Cuando el jefe de la policía, Nic Vos, ordena la puesta en libertad de la pareja, Patrick se ha convertido ya en un radical.

PROYECCIONES


TERUEL: Miércoles 14 de mayo, a las 19 h

Siempre que sea posible las películas se visionarán en V.O.S.E.
ENTRADA LIBRE

Comentario del film:

Phillip Noyce se ha volcado con el cine reivindicativo. Tras Generación robada y El americano impasible (ambas del año 2002), el realizador australiano firma un nuevo documental acerca de la lucha por la libertad, en esta ocasión rindiendo homenaje a los días de Patrick Chamusso como miembro del Congreso Nacional Africano (CNA).

Atrapa el fuego no es una buena traducción para el título original de esta película. ‘Catch’ significa, efectivamente, ‘atrapar’; sin embargo, no es ‘el fuego’ a lo que Noyce o su guionista, Shawn Slovo, querían referirse con ‘a fire’, sino más bien a ‘una bala’ o ‘un disparo’. La connotación imperativa era tal en Catch a fire y ésta se ha conservado correctamente. Así pues, harían bien en imaginarse a Noyce y Slovo gritándole esa orden a Chamusso, su personaje, en medio de cualquier fuego cruzado de la turbulenta Sudáfrica de los 80. La respuesta sería esa metafórica imagen en la que Chamusso llega a disparar su AK-47 con plena convicción, pero es capaz de percatarse de su error a tiempo y, con la mano que no ha pulsado el gatillo, caza la bala al salir de la boca del fusil antes de que ésta pueda herir a nadie.

Como ven, su título quiere sugerir el concepto del perdón, que es la idea más concluyente de la vida de Chamusso y, por lo tanto, del film. A pesar de ello, no es la única. Asuntos de plena vigencia, veinte años después, como son la democracia y la tiranía (“Veinticinco millones de negros; tres millones de blancos”), la lucha por la libertad o las raíces del terrorismo (“Cuando miro a un hombre no veo a un terrorista, veo a un ser humano”) forman parte de este amplio conglomerado que funciona muy bien como muestra documental política del país africano, pero bastante mal en su enfoque como biopic al uso. La prueba más evidente de ello es el desplazamiento que Noyce ha infligido a la carga dramática hacia la relación de su protagonista con Nic Vos, coronel del escuadrón antiterrorista, supliendo con la improvisación de su elenco las escenas de drama familiar.

Hay que resaltar, muy por encima de cualquier otro elemento argumental, la mencionada relación entre hombre blanco poderoso y hombre negro honesto injustamente acusado y deshonrado por el apartheid (políticas racistas). El viejo truco (imperdonable a estas alturas) del secreto que entraña la perdición para lo privado, pero la salvación para lo público, se ve de sobras eclipsado por la excelente interpretación de Tim Robbins y Derek Luke durante los primeros tres cuartos de hora, proporcionando algunas escenas de altísima tensión. En ellas, la interesante convicción de que es posible construir la democracia sin violencia mantiene un pulso constante con la mirada vigilante de un gobierno bajo asedio, que encuentra en el personaje de Robbins su brazo más benevolente y quizá incluso justo, aunque de todos modos implacable. La conclusión de Noyce y Slovo, avalada en parte por la historia de Chamusso, es que, incluso usando como intermediarios para el conflicto al blanco y al negro de más buen hacer, la conciliación no es posible, por lo menos a priori.

Con este heterogéneo combinado de elementos, que danzan en torno a la ansiada libertad colectiva, pero también de la individual arrebatada, se forja una primera mitad que contextualiza de forma excepcional el entorno donde Noyce quiere colocar a la audiencia, de modo que no tendrán que culturizarse fuera de la sala para estar bien ubicados una vez dentro. Junto con Ron Fortunato y Garry Phillips, responsables de fotografía, el director ha hecho ese trabajo por el espectador. Es una lástima que no pueda decirse lo mismo de Jill Bilcock, que en esta ocasión, y muy especialmente en la segunda mitad de metraje, ha montado algunos centímetros de cinta mediocres (amén de la escena de los funerales cruzados). Hay que decir que, en el tramo final, el guión no le acompañaba. El giro determinante en la vida de Chamusso lo es también para el largometraje, que abandona el sendero del drama e introduce la acción, vigorosa y directa, haciendo de rogar el reencuentro de dos hombres que arrastran asuntos pendientes por el hecho de vivir en un territorio hostil.

Phillip Noyce cierra, tomando el trasfondo bélico de El americano impasible y el conflicto racial de Generación robada, su particular trilogía sobre cómo las absurdas confrontaciones derivadas de la lucha por el poder toman una dimensión trascendental a la hora de ilustrar la naturaleza humana. Su rica mezcla sonora, tanto por el hilo musical típicamente africano de Philip Miller como por la multitud de lenguas habladas en Sudáfrica y sus inmediaciones (afrikáans, inglés, holandés, portugués), y respetadas en esta obra, halla a su vez su particular agregado con los cánticos revolucionarios del CNA. Pero la política de mezclas no ha cuajado cuando se ha hecho llegar hasta las bases del guión, en el que sobraban las persecuciones y los excesos biográficos. Quédense con que, más por fortuna que por validez metódica, les aguarda el final feliz que efectivamente sucedió y que ansiarán conocer.

http://www.labutaca.net/films/44/catchafire2.htm